El pasado jueves, día 26 de julio, tuvo lugar en Dos Hermanas la procesión de nuestra Patrona Señora Santa Ana. La hermandad Sacramental como cada año participó en representación de dicha procesión.
La representación estuvo compuesta por unos 11 hermanos, miembros de Junta de Gobierno, y jóvenes pertenecientes al Grupo Joven de nuestra Hermandad.
martes, 31 de julio de 2012
jueves, 28 de junio de 2012
ORACION POR NUESTRO SR. ARZOBISPO
La Junta de Oficiales de la Hermandad del Santísimo Sacramento ruega a todos sus hermanos una oración por la pronta recuperación de nuestro Arzobispo de Sevilla, Juan José Asenjo, trás la intervención quirúrgica a la que ha sido sometido en la tarde de hoy miércoles 27 de junio.
No sólo como cofrades, sino como cristianos y miembros de la Iglesia Diocesana debemos velar por la salud de nuestro Pastor, es por ello que esta Hermandad del Santísimo Sacramento a través de todos sus hermanos, elevamos nuestras oraciones al Padre Eterno para su feliz recuperación y pedimos a su bendita Madre la Divina Pastora de las Almas su protección una vez finalizada la operación.
domingo, 10 de junio de 2012
EVANGELIO DOMINGO 10 DE JUNIO. CICLO B
Día
litúrgico: Solemnidad del Cuerpo y de la Sangre de Cristo
Texto del Evangelio (Mc 14,12-16.22-26): El primer día de los Ázimos, cuando se
sacrificaba el cordero pascual, le dicen sus discípulos: «¿Dónde quieres que
vayamos a hacer los preparativos para que comas el cordero de Pascua?».
Entonces, envía a dos de sus discípulos y les dice: «Id a la ciudad; os saldrá
al encuentro un hombre llevando un cántaro de agua; seguidle y allí donde
entre, decid al dueño de la casa: ‘El Maestro dice: ¿Dónde está mi sala, donde
pueda comer la Pascua con mis discípulos?’. Él os enseñará en el piso superior
una sala grande, ya dispuesta y preparada; haced allí los preparativos para
nosotros». Los discípulos salieron, llegaron a la ciudad, lo encontraron tal
como les había dicho, y prepararon la Pascua.
Y mientras estaban comiendo, tomó pan, lo bendijo, lo partió y
se lo dio y dijo: «Tomad, éste es mi cuerpo». Tomó luego una copa y, dadas las
gracias, se la dio, y bebieron todos de ella. Y les dijo: «Ésta es mi sangre de
la Alianza, que es derramada por muchos. Yo os aseguro que ya no beberé del
producto de la vid hasta el día en que lo beba de nuevo en el Reino de Dios».
Y cantados los himnos, salieron hacia el monte de los Olivos.
Comentario: Mons. Josep Àngel SAIZ i Meneses Obispo de
Terrassa (Barcelona, España)
«Éste es mi cuerpo. Ésta es mi sangre»
Hoy, celebramos solemnemente
la presencia eucarística de Cristo entre nosotros, el “don por excelencia”:
«Éste es mi cuerpo (...). Ésta es mi sangre» (Mc 14,22.24). Dispongámonos a
suscitar en nuestra alma el “asombro eucarístico” (Juan Pablo II).
El pueblo judío en su cena pascual conmemoraba la historia de la salvación, las maravillas de Dios para con su pueblo, especialmente la liberación de la esclavitud de Egipto. En esta conmemoración, cada familia comía el cordero pascual. Jesucristo se convierte en el nuevo y definitivo cordero pascual sacrificado en la cruz y comido en Pan Eucarístico.
El pueblo judío en su cena pascual conmemoraba la historia de la salvación, las maravillas de Dios para con su pueblo, especialmente la liberación de la esclavitud de Egipto. En esta conmemoración, cada familia comía el cordero pascual. Jesucristo se convierte en el nuevo y definitivo cordero pascual sacrificado en la cruz y comido en Pan Eucarístico.
La Eucaristía es
sacrificio: es el sacrificio del cuerpo inmolado de Cristo y de su sangre
derramada por todos nosotros. En la Última Cena esto se anticipó. A lo largo de
la historia se irá actualizando en cada Eucaristía. En Ella tenemos el
alimento: es el nuevo alimento que da vida y fuerza al cristiano mientras
camina hacia el Padre.
La Eucaristía es presencia de Cristo entre nosotros. Cristo resucitado y glorioso permanece entre nosotros de una manera misteriosa, pero real en la Eucaristía. Esta presencia implica una actitud de adoración por nuestra parte y una actitud de comunión personal con Él. La presencia eucarística nos garantiza que Él permanece entre nosotros y opera la obra de la salvación.
La Eucaristía es presencia de Cristo entre nosotros. Cristo resucitado y glorioso permanece entre nosotros de una manera misteriosa, pero real en la Eucaristía. Esta presencia implica una actitud de adoración por nuestra parte y una actitud de comunión personal con Él. La presencia eucarística nos garantiza que Él permanece entre nosotros y opera la obra de la salvación.
La Eucaristía es
misterio de fe. Es el centro y la clave de la vida de la Iglesia. Es la fuente
y raíz de la existencia cristiana. Sin vivencia eucarística la fe cristiana se
reduciría a una filosofía.
Jesús nos da el mandamiento del amor de caridad en la institución de la Eucaristía. No se trata de la última recomendación del amigo que marcha lejos o del padre que ve cercana la muerte. Es la afirmación del dinamismo que Él pone en nosotros. Por el Bautismo comenzamos una vida nueva, que es alimentada por la Eucaristía. El dinamismo de esta vida lleva a amar a los otros, y es un dinamismo en crecimiento hasta dar la vida: en esto notarán que somos cristianos.
Jesús nos da el mandamiento del amor de caridad en la institución de la Eucaristía. No se trata de la última recomendación del amigo que marcha lejos o del padre que ve cercana la muerte. Es la afirmación del dinamismo que Él pone en nosotros. Por el Bautismo comenzamos una vida nueva, que es alimentada por la Eucaristía. El dinamismo de esta vida lleva a amar a los otros, y es un dinamismo en crecimiento hasta dar la vida: en esto notarán que somos cristianos.
Cristo nos ama porque
recibe la vida del Padre. Nosotros amaremos recibiendo del Padre la vida,
especialmente a través del alimento eucarístico.
sábado, 2 de junio de 2012
CULTOS AL SANTISIMO SACRAMENTO
LA ANTIGUA Y FERVOROSA HERMANDAD Y COFRADIA DEL
SANTISIMO SACRAMENTO
DE LA
DIVINA PASTORA DE LAS ALMAS Y
ANIMAS
BENDITAS DEL PURGATORIO
Establecida canónicamente en la Parroquia
de Santa María Magdalena
CELEBRA
Durante los días 6, 7 y 8 de Junio a las 20 horas
TRIDUO
EN HONOR AL
SANTISIMO SACRAMENTO
Ocupando la Sagrada Cátedra el
Rvdo. Padre Fray Sisinio Bravo González, TC
El
sábado día 9 de Junio a las 20 horas
SOLEMNE FUNCION PRINCIPAL
DE INSTITUTO
Ocupando la Sagrada Cátedra el
Rvdo.
D. Lorenzo Nieto Frutos, Pbro.
Párroco
de la de Santa María Magdalena
El
domingo día 10 de Junio a las 9 de la mañana
SANTA
MISA
a su finalización
SOLEMNE PROCESION DEL CORPUS CHRISTI
recorriendo
las siguientes calles de la feligresía:
Plaza
de la Constitución, Sta. Mª. Magdalena, Botica,
Plaza
del Arenal, Ntra. Sra. de Valme y Plaza de la Constitución.
Dos
Hermanas, Junio del Año del Señor de 2012
A.M.G.D. B.M.V.
EVANGELIO DOMINGO 3 DE JUNIO. LA SANTISIMA TRINIDAD
Texto del Evangelio (Mt 28,16-20): En aquel tiempo, los once discípulos
marcharon a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Y al verle le
adoraron; algunos sin embargo dudaron. Jesús se acercó a ellos y les habló así:
«Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced
discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y
del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he
aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo».
Comentario: Mons. F. Xavier CIURANETA i Aymí Obispo Emérito de Lleida (Lleida,
España)
«Haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre
del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo»
Hoy,
la liturgia nos invita a adorar a la Trinidad Santísima, nuestro Dios, que es
Padre, Hijo y Espíritu Santo. Un solo Dios en tres Personas, en el nombre del
cual hemos sido bautizados. Por la gracia del Bautismo estamos llamados a tener
parte en la vida de la Santísima Trinidad aquí abajo, en la oscuridad de la fe,
y, después de la muerte, en la vida eterna. Por el Sacramento del Bautismo
hemos sido hechos partícipes de la vida divina, llegando a ser hijos del Padre
Dios, hermanos en Cristo y templos del Espíritu Santo. En el Bautismo ha
comenzado nuestra vida cristiana, recibiendo la vocación a la santidad. El
Bautismo nos hace pertenecer a Aquel que es por excelencia el Santo, el «tres
veces santo» (cf. Is 6,3).
El don
de la santidad recibido en el Bautismo pide la fidelidad a una tarea de
conversión evangélica que ha de dirigir siempre toda la vida de los hijos de
Dios: «Ésta es la voluntad de Dios: vuestra santificación» (1Tes 4,3). Es un
compromiso que afecta a todos los bautizados. «Todos los fieles, de cualquier
estado o régimen de vida, son llamados a la plenitud de la vida cristiana y a
la perfección de la caridad» (Concilio Vaticano II, Lumen gentium, n. 40).
Si
nuestro Bautismo fue una verdadera entrada en la santidad de Dios, no podemos
contentarnos con una vida cristiana mediocre, rutinaria y superficial. Estamos llamados
a la perfección en el amor, ya que el Bautismo nos ha introducido en la vida y
en la intimidad del amor de Dios.
Con profundo agradecimiento por el designio benévolo de nuestro Dios, que nos ha llamado a participar en su vida de amor, adorémosle y alabémosle hoy y siempre. «Bendito sea Dios Padre, y su único Hijo, y el Espíritu Santo, porque ha tenido misericordia de nosotros» (Antífona de entrada de la misa).
Con profundo agradecimiento por el designio benévolo de nuestro Dios, que nos ha llamado a participar en su vida de amor, adorémosle y alabémosle hoy y siempre. «Bendito sea Dios Padre, y su único Hijo, y el Espíritu Santo, porque ha tenido misericordia de nosotros» (Antífona de entrada de la misa).
jueves, 31 de mayo de 2012
EXPOSICION DEL SANTISIMO SACRAMENTO
SANTISIMO SACRAMENTO
DE LA DIVINA PASTORA DE
LAS ALMAS Y
ANIMAS BENDITAS DEL
PURGATORIO
Establecida
canónicamente en la
Parroquia
de Santa María
Magdalena
CELEBRARA
El sábado día 2 de Junio
de 19 a 20 horas
SOLEMNE EXPOSICION DEL
SANTISIMO
Como preparación a la
Festividad del
CORPUS CHRISTI
Dos
Hermanas, Junio del Año del Señor de 2012
A.M.G.D. B.M.V.
domingo, 27 de mayo de 2012
EVANGELIO DEL DOMINGO. DOMINGO DE PENTECOSTES
Día litúrgico: Pentecostés (Misa del día)
Texto del Evangelio (Jn 20,19-23): Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros». Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. Jesús les dijo otra vez: «La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío». Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».
Comentario: Mons. Josep Àngel SAIZ i Meneses Obispo de Terrassa (Barcelona, España)
«Recibid el Espíritu Santo»
Hoy, en el día de Pentecostés se realiza el cumplimiento de la promesa que Cristo había hecho a los Apóstoles. En la tarde del día de Pascua sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo» (Jn 20,22). La venida del Espíritu Santo el día de Pentecostés renueva y lleva a plenitud ese don de un modo solemne y con manifestaciones externas. Así culmina el misterio pascual.
El Espíritu que Jesús comunica crea en el discípulo una nueva condición humana y produce unidad. Cuando el orgullo del hombre le lleva a desafiar a Dios construyendo la torre de Babel, Dios confunde sus lenguas y no pueden entenderse. En Pentecostés sucede lo contrario: por gracia del Espíritu Santo, los Apóstoles son entendidos por gentes de las más diversas procedencias y lenguas.
El Espíritu Santo es el Maestro interior que guía al discípulo hacia la verdad, que le mueve a obrar el bien, que lo consuela en el dolor, que lo transforma interiormente, dándole una fuerza, una capacidad nuevas.
El primer día de Pentecostés de la era cristiana, los Apóstoles estaban reunidos en compañía de María, y estaban en oración. El recogimiento, la actitud orante es imprescindible para recibir el Espíritu. «De repente, un ruido del cielo, como de un viento recio, resonó en toda la casa donde se encontraban. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se repartían, posándose encima de cada uno» (Hch 2,2-3).
Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y se pusieron a predicar valientemente. Aquellos hombres atemorizados habían sido transformados en valientes predicadores que no temían la cárcel, ni la tortura, ni el martirio. No es extraño; la fuerza del Espíritu estaba en ellos.
El Espíritu Santo, Tercera Persona de la Santísima Trinidad, es el alma de mi alma, la vida de mi vida, el ser de mi ser; es mi santificador, el huésped de mi interior más profundo. Para llegar a la madurez en la vida de fe es preciso que la relación con Él sea cada vez más consciente, más personal. En esta celebración de Pentecostés abramos las puertas de nuestro interior de par en par.
El Espíritu que Jesús comunica crea en el discípulo una nueva condición humana y produce unidad. Cuando el orgullo del hombre le lleva a desafiar a Dios construyendo la torre de Babel, Dios confunde sus lenguas y no pueden entenderse. En Pentecostés sucede lo contrario: por gracia del Espíritu Santo, los Apóstoles son entendidos por gentes de las más diversas procedencias y lenguas.
El Espíritu Santo es el Maestro interior que guía al discípulo hacia la verdad, que le mueve a obrar el bien, que lo consuela en el dolor, que lo transforma interiormente, dándole una fuerza, una capacidad nuevas.
El primer día de Pentecostés de la era cristiana, los Apóstoles estaban reunidos en compañía de María, y estaban en oración. El recogimiento, la actitud orante es imprescindible para recibir el Espíritu. «De repente, un ruido del cielo, como de un viento recio, resonó en toda la casa donde se encontraban. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se repartían, posándose encima de cada uno» (Hch 2,2-3).
Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y se pusieron a predicar valientemente. Aquellos hombres atemorizados habían sido transformados en valientes predicadores que no temían la cárcel, ni la tortura, ni el martirio. No es extraño; la fuerza del Espíritu estaba en ellos.
El Espíritu Santo, Tercera Persona de la Santísima Trinidad, es el alma de mi alma, la vida de mi vida, el ser de mi ser; es mi santificador, el huésped de mi interior más profundo. Para llegar a la madurez en la vida de fe es preciso que la relación con Él sea cada vez más consciente, más personal. En esta celebración de Pentecostés abramos las puertas de nuestro interior de par en par.
Comentario: Rev. D. Joan MARTÍNEZ Porcel (Barcelona, España)
MISA DE LA VIGILIA (Jn 7,37-39) «De su seno correrán ríos de agua viva»
Hoy contemplamos a Jesús en el último día de la fiesta de los Tabernáculos, cuando puesto en pie gritó: «Si alguno tiene sed, venga a mí, y beba el que crea en mí, como dice la Escritura: ‘De su seno correrán ríos de agua viva’» (Jn 7,37-38). Se refería al Espíritu.
La venida del Espíritu es una teofanía en la que el viento y el fuego nos recuerdan la trascendencia de Dios. Tras recibir al Espíritu, los discípulos hablan sin miedo. En la Eucaristía de la vigilia vemos al Espíritu como un “río interior de agua viva”, como lo fue en el seno de Jesús; y a la vez descubrimos que también, en la Iglesia, es el Espíritu quien infunde la vida verdadera. Habitualmente nos referimos al papel del Espíritu en un nivel individual, en cambio hoy la palabra de Dios remarca su acción en la comunidad cristiana: «El Espíritu que iban a recibir los que creyeran en Él» (Jn 7,39). El Espíritu constituye la unidad firme y sólida que transforma la comunidad en un solo cuerpo, el cuerpo de Cristo. Por otra parte, él mismo es el origen de la diversidad de dones y carismas que nos diferencian a todos y a cada uno de nosotros.
La unidad es signo claro de la presencia del Espíritu en nuestras comunidades. Lo más importante de la Iglesia es invisible, y es precisamente la presencia del Espíritu que la vivifica. Cuando miramos la Iglesia únicamente con ojos humanos, sin hacerla objeto de fe, erramos, porque dejamos de percibir en ella la fuerza del Espíritu. En la normal tensión entre unidad y diversidad, entre iglesia universal y local, entre comunión sobrenatural y comunidad de hermanos necesitamos saborear la presencia del Reino de Dios en su Iglesia peregrina. En la oración colecta de la celebración eucarística de la vigilia pedimos a Dios que «los pueblos divididos (...) se congreguen por medio de tu Espíritu y, reunidos, confiesen tu nombre en la diversidad de sus lenguas».
Ahora debemos pedir a Dios saber descubrir el Espíritu como alma de nuestra alma y alma de la Iglesia.
La venida del Espíritu es una teofanía en la que el viento y el fuego nos recuerdan la trascendencia de Dios. Tras recibir al Espíritu, los discípulos hablan sin miedo. En la Eucaristía de la vigilia vemos al Espíritu como un “río interior de agua viva”, como lo fue en el seno de Jesús; y a la vez descubrimos que también, en la Iglesia, es el Espíritu quien infunde la vida verdadera. Habitualmente nos referimos al papel del Espíritu en un nivel individual, en cambio hoy la palabra de Dios remarca su acción en la comunidad cristiana: «El Espíritu que iban a recibir los que creyeran en Él» (Jn 7,39). El Espíritu constituye la unidad firme y sólida que transforma la comunidad en un solo cuerpo, el cuerpo de Cristo. Por otra parte, él mismo es el origen de la diversidad de dones y carismas que nos diferencian a todos y a cada uno de nosotros.
La unidad es signo claro de la presencia del Espíritu en nuestras comunidades. Lo más importante de la Iglesia es invisible, y es precisamente la presencia del Espíritu que la vivifica. Cuando miramos la Iglesia únicamente con ojos humanos, sin hacerla objeto de fe, erramos, porque dejamos de percibir en ella la fuerza del Espíritu. En la normal tensión entre unidad y diversidad, entre iglesia universal y local, entre comunión sobrenatural y comunidad de hermanos necesitamos saborear la presencia del Reino de Dios en su Iglesia peregrina. En la oración colecta de la celebración eucarística de la vigilia pedimos a Dios que «los pueblos divididos (...) se congreguen por medio de tu Espíritu y, reunidos, confiesen tu nombre en la diversidad de sus lenguas».
Ahora debemos pedir a Dios saber descubrir el Espíritu como alma de nuestra alma y alma de la Iglesia.
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