
domingo, 23 de octubre de 2011
TURNO MENSUAL DE ADORACION AL SANTISIMO

sábado, 22 de octubre de 2011
PRESENTACION DEL GRUPO JOVEN
EVANGELIO DOMINGO 23 DE OCTUBRE. DOMINGO XXX DEL TIEMPO ORDINARIO
Hace falta la decisión de practicar de hecho este dulce mandamiento —más que mandamiento, es elevación y capacidad— en el trato con los demás: hombres y cosas, trabajo y descanso, espíritu y materia, porque todo es criatura de Dios.
Por otro lado, al ser impregnados del Amor de Dios, que nos toca en todo nuestro ser, quedamos capacitados para responder “a lo divino” a este Amor. Dios Misericordioso no sólo quita el pecado del mundo (cf. Jn 1,29), sino que nos diviniza, somos “partícipes” (sólo Jesús es Hijo por Naturaleza) de la naturaleza divina; somos hijos del Padre en el Hijo por el Espíritu Santo. A san Josemaría le gustaba hablar de “endiosamiento”, palabra que tiene raigambre en los Padres de la Iglesia. Por ejemplo, escribía san Basilio: «Así como los cuerpos claros y trasparentes, cuando reciben luz, comienzan a irradiar luz por sí mismos, así relucen los que han sido iluminados por el Espíritu. Ello conlleva el don de la gracia, alegría interminable, permanencia en Dios... y la meta máxima: el Endiosamiento». ¡Deseémoslo!
sábado, 15 de octubre de 2011
GRUPO JOVEN DE NUESTRA HERMANDAD
domingo, 9 de octubre de 2011
CARTA DEL SR. ARZOBISPO. OCTUBRE MES DEL ROSARIO.
Queridos hermanos y hermanas:
Acabamos de comenzar el mes de octubre, mes del Rosario. En los últimos decenios ha crecido el número de laicos que han descubierto la riqueza espiritual de la Liturgia de las Horas. Dios quiera que la oración de la Iglesia vaya adquiriendo rango de ciudadanía en la vida de nuestros fieles. Pero al mismo tiempo que ha ido creciendo el aprecio por el Oficio divino en muchos ambientes, ha ido desvaneciéndose la costumbre de rezar el Rosario, tal vez por el hecho de ser una devoción que no tiene rango de oración oficial de la Iglesia. No faltan incluso quienes califican el Rosario como una devoción marginal, infantil e impropia de espíritus maduros.
Convencido de que esta es una actitud equivocada, en los comienzos del mes del Rosario, quiero invitaros a todos, sacerdotes, consagrados y laicos, a recuperar esta devoción si la habéis abandonado. El rezo diario del Rosario manifiesta nuestra convicción de que la Santísima Virgen es nuestra madre en el orden de la gracia. Ella ocupa un papel del todo especial en el misterio de Cristo y de la Iglesia, como medianera que es de todas las gracias necesarias para nuestra fidelidad. Por ello, debe ocupar un puesto de privilegio en nuestro corazón y en nuestra vida cristiana. Rezar el Rosario es una expresión cabal de amor a Nuestra Señora y de la necesidad que sentimos de encontrarnos con ella en cada jornada. No deberíamos acostarnos tranquilos si un día, sin una causa grave, olvidamos este detalle filial. Como nos ha dicho el Papa Benedicto XVI, “si la Eucaristía es para el cristiano el centro de la jornada, el Rosario contribuye de manera privilegiada a dilatar la comunión con Cristo, y enseña a vivir manteniendo fija en Él la mirada del corazón para irradiar sobre todos y sobre todo su amor misericordioso”.
El rezo del Rosario está al alcance de cualquier cristiano, jóvenes y mayores, cultos y menos cultos, virtuosos o tibios. No exige lugares especiales, ni libros litúrgicos, ni la preparación que requieren los actos de culto. Se puede rezar paseando, en el coche, en el autobús o en las noches de vela. Por ello, es la oración por excelencia de los ancianos y enfermos, de los humildes y sencillos.
El Rosario es una devoción llena de riqueza espiritual pues proporciona muchos bienes a quienes la practican. El rezo del Rosario, con la recitación repetida de las avemarías, nos permite tener unos minutos de oración sobria y profunda al mismo tiempo.
El rezo del Rosario serena el espíritu y lo pone en sintonía con los misterios principales de la vida del Señor. Efectivamente, contemplando los misterios de gozo, de luz, de dolor y de gloria, revivimos los hitos más significativos de la historia de nuestra salvación y recorremos las diversas etapas de la vida y misión de Cristo. Lo hacemos de la mano y en comunión con María, y entonces entramos en la “onda” de Jesús y adquirimos una especie de connaturalidad o afinidad con las fuentes de nuestra fe, con la vida admirable del Señor y con las disposiciones espirituales de la Virgen.
Hasta hace unas décadas, muchas familias cristianas terminaban la jornada con el rezo del Rosario. Hoy esa costumbre prácticamente ha desaparecido. No me parece un despropósito invitaros a recuperarla. La familia crecerá en unidad y cohesión, en paz, esperanza y alegría. Invito a los sacerdotes a que se rece en las parroquias antes de la celebración vespertina de la Eucaristía y a procurar que en aquellas en las que Santa Misa no puede celebrarse diariamente, sean los propios fieles quienes abran el templo y dirijan el rezo del Rosario.
En la exhortación apostólica Rosarium Virginis Mariae, el Papa Juan Pablo II nos recomendaba leer un texto del Nuevo Testamento al comienzo de cada misterio, relacionado con la escena contemplada. Para vencer la monotonía y la rutina y acrecentar la atención, puede ser bueno también poner una intención a cada decena. Os sugiero algunas hoy prioritarias: la santidad de los sacerdotes y consagrados, la fidelidad de los esposos y su compromiso en la educación en la fe de sus hijos, el aumento de las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada, la Nueva Evangelización y las misiones, las necesidades materiales o espirituales de nuestros familiares y amigos, la paz en el mundo y el final de toda violencia, especialmente la que se produce en el seno del hogar, el presente y el futuro de nuestra Patria, los pobres, enfermos y moribundos, el establecimiento de la justicia en el mundo y la superación de las desigualdades entre los hemisferios…
Estoy convencido de que rezo del Rosario no nos aleja de nuestro compromiso en la construcción de un mundo más justo y fraterno. Sólo la oración robustece el espíritu y sólo los espíritus fuertes pueden construir la nueva civilización del amor.
Para todos, mi saludo fraterno y mi bendición.
EVANGELIO DOMINGO 9 DE OCTUBRE. DOMINGO XXVIII DEL TIEMPO ORDINARIO
Texto del Evangelio (Mt 22,1-14): En aquel tiempo, tomando Jesús de nuevo la palabra les habló en parábolas, diciendo: «El Reino de los Cielos es semejante a un rey que celebró el banquete de bodas de su hijo. Envió sus siervos a llamar a los invitados a la boda, pero no quisieron venir. Envió todavía otros siervos, con este encargo: Decid a los invitados: ‘Mirad, mi banquete está preparado, se han matado ya mis novillos y animales cebados, y todo está a punto; venid a la boda’.
»Pero ellos, sin hacer caso, se fueron el uno a su campo, el otro a su negocio; y los demás agarraron a los siervos, los escarnecieron y los mataron. Se airó el rey y, enviando sus tropas, dio muerte a aquellos homicidas y prendió fuego a su ciudad.
»Entonces dice a sus siervos: ‘La boda está preparada, pero los invitados no eran dignos. Id, pues, a los cruces de los caminos y, a cuantos encontréis, invitadlos a la boda’. Los siervos salieron a los caminos, reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala de bodas se llenó de comensales.
»Entró el rey a ver a los comensales, y al notar que había allí uno que no tenía traje de boda, le dice: ‘Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de boda?’. Él se quedó callado. Entonces el rey dijo a los sirvientes: ‘Atadle de pies y manos, y echadle a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes’. Porque muchos son llamados, mas pocos escogidos».
Comentario:
«Id a los cruces de los caminos y, a cuantos encontréis, invitadlos a la boda»
Hoy, Jesús nos muestra al rey (el Padre), invitando —por medio de sus “siervos” (los profetas), al banquete de la alianza de su Hijo con la humanidad (la salvación). Primero lo hizo con Israel, «pero no quisieron venir» (Mt 22,3). Ante la negativa, no deja el Padre de insistir: «Mirad mi banquete está preparado, (...) y todo está a punto; venid a la boda» (v. 4). Pero ese desaire, de escarnio y muerte de los siervos, suscita el envío de tropas, la muerte de aquellos homicidas y la quema de “su” ciudad (cf. Mt 22,6-7): Jerusalén.
Así es que, por otros “siervos” (apóstoles) —enviados a ir por «los cruces de los caminos» (Mt 22,9): «Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas...», dirá más tarde el Señor Jesús en Mt 28,19— fuimos invitados nosotros, el resto de la humanidad, es decir, «todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala de bodas se llenó de comensales» (Mt 22,10): la Iglesia. Aún así, la cuestión, no es sólo estar en la sala de bodas por la invitación, sino que, tiene que ver también y mucho, con la dignidad con la que se está («traje de boda», cf. v. 12). San Jerónimo comentó al respecto: «Los vestidos de fiesta son los preceptos del Señor y las obras cumplidas según la Ley y el Evangelio que son las vestiduras del hombre nuevo». Es decir, las obras de la caridad con las que se debe acompañar a la fe.
Conocemos que Madre Teresa, todas las noches, salía a las calles de Calcuta a recoger moribundos para darles, con amor, un buen morir: limpios, bien arropados y, si era posible, bautizados. Cierta vez comentó: «No tengo miedo de morir, porque cuando esté delante del Padre, habrá tantos pobres que le entregué con el traje de bodas que sabrán defenderme». ¡Bienaventurada ella! —Aprendamos la lección nosotros.
lunes, 3 de octubre de 2011
TEMA DE REFLEXION PARA EL MES DE OCTUBRE
Los Adoradores Eucarísticos hemos de ser un punto de referencia, entre nuestros familiares, amigos y conocidos, de la Fe en Cristo. Por esa razón hemos de tener presente los caminos que la Iglesia ha establecido para facilitar que cualquier persona pueda ser bautizada, por el deseo de sus padres, si es infante, o por decisión personal, si ya es mayor de edad.
“En caso de necesidad cualquier persona, incluso no bautizada, si tiene la intención requerida, puede bautizar. La intención requerida consiste en querer hacer lo que hace la Iglesia al bautizar, y emplear la fórmula bautismal trinitaria (“Yo…te bautizo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1256).
Además del bautismo sacramental, la Iglesia considera que otros dos tipos de bautismo abren al alma las puertas de la Gracia.
“Desde siempre, la Iglesia posee la firme convicción de que quienes padecen la muerte por razón de la fe, sin haber recibido el bautismo, son bautizados por su muerte con Cristo y por Cristo. Este bautismo de sangre como el deseo del bautismo, produce los frutos del bautismo sin ser sacramento”.
El segundo caso tiene una aplicación que se refiere a todos los hombres y manifiesta claramente la universalidad de la salvación que Cristo nos ha alcanzado:
Quizá algunos de nosotros hemos sabido de niños que se han muerto apenas nacidos, y no han recibido el bautismo. Para estas situaciones –sea por descuido de los padres o por enfermedades imprevistas que han precipitado la muerte o por retrasos innecesarios- hemos de recordar la doctrina de la Iglesia para que sepamos consolar a los padres que han sufrido esa desgracia de manera involuntaria, y sufren pensando en la situación de sus hijos en la vida eterna:
“En cuanto a los niños muertos sin Bautismo, la Iglesia sólo puede confiarlos a la misericordia divina. En efecto, la gran misericordia de Dios, que quiere que todos los hombres se salven y la ternura de Jesús con los niños (…) nos permiten confiar en que haya un camino de salvación para los niños que mueren sin bautismo. Por eso es más apremiante aún la llamada de la Iglesia a no impedir que los niños pequeños vengan a Cristo por el don del Santo Bautismo” (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1261)
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