Monumento Eucarístico montado por nuestra Corporación, para acoger a Su Divina Majestad el Jueves y Viernes Santo pasados.
martes, 29 de marzo de 2016
miércoles, 16 de marzo de 2016
TRIDUO SACRO
ANTIGUA Y FERVOROSA HERMANDAD Y COFRADIA DEL
SANTISIMO SACRAMENTO, DIVINA PASTORA DE LAS ALMAS Y
ANIMAS BENDITAS DEL PURGATORIO
DOS
HERMANAS
SOLEMNE
TRIDUO PASCUAL
de
acuerdo al siguiente orden
JUEVES
SANTO 24 DE MARZO
A
las cinco y media de la tarde
MISA
IN COENA DOMINI
Tras
la cual se trasladará al Santísimo Sacramento al Monumento
VIERNES
SANTO 25 DE MARZO
A
las cinco y media de la tarde
PASION
DEL SEÑOR
SABADO
SANTO 26 DE MARZO
A
las once y media de la noche
SOLEMNE
VIGILIA DE LA PASCUA DE RESURRECCION
Dos
Hermanas Año de la Misericordia 2016
TURNOS DE VELA ANTE EL MONUMENTO
ANTIGUA Y FERVOROSA HERMANDAD Y COFRADIA DEL
SANTISIMO SACRAMENTO, DIVINA PASTORA DE LAS ALMAS Y
ANIMAS BENDITAS DEL PURGATORIO
DOS
HERMANAS
TURNOS
DE VELA ANTE EL SANTÍSIMO SACRAMENTO
JUEVES SANTO
19 A 20 HORAS UNER
20 A 21 HORAS ASOCIACIONES
Y HERMANDADES
21 A 23 HORAS FIELES EN
GENERAL
23 A 01 HORAS ADORACIÓN
NOCTURNA ESPAÑOLA
VIERNES SANTO
10 A 11 HORAS COFRADÍA
STMO. SACRAMENTO
11 A 12 HORAS ADORACIÓN
NOCTURNA FEMENINA
12 A 13 HORAS JÓVENES
13 A 14 HORAS HDAD.
SANTÍSIMO SACRAMENTO
15:30 A 16:30 HORAS
HERMANAS DOMINICAS
16:30
A 17:30 H UNER
AÑO DE LA MISERICORDIA
ANTIGUA Y FERVOROSA HERMANDAD Y COFRADIA DEL
SANTISIMO SACRAMENTO, DIVINA PASTORA DE LAS ALMAS Y
ANIMAS BENDITAS DEL PURGATORIO
DOS
HERMANAS
DIPUTACION DE CULTOS
Las Obras de Misericordias Espirituales y Corporales.
(I)
El mundo que nos rodea, nuestra familia, nuestros
amigos, conocidos y tantas otras personas con las que tratamos por motivos
artísticos, deportivos, profesionales, políticos, etc., esperan siempre de
nosotros –aunque, a veces, no son muy conscientes; aunque lo quieran, digan no
quererlo- un claro testimonio de nuestra Fe en Cristo, Hijo de Dios hecho
hombre, y en nuestra realidad de hijos de Dios en Cristo Jesús.
Nos lo han recordado todos los Romanos Pontífices;
Papa Francisco insiste con frecuencia en esta responsabilidad del cristiano: la
necesidad de ser testigos de la Resurrección de Cristo, de la vida de Cristo,
con nuestra propia vida, con nuestras acciones.
¿Cómo podemos manifestar nuestra Fe en Nuestro Señor
Jesucristo a los demás? ¿Cómo podemos acercarle a la persona del Señor, para
que se den cuenta de que vale la pena creer en Él y amarle?
Esta Fe, que nos lleva a comprender el sentido de
nuestro vivir en la tierra, se manifiesta en la Caridad. Ya nos lo recordó el
apóstol Santiago: “La fe, si no tiene obras, está muerta. Mas dirá alguno: “Tú
tienes fe y yo tengo obras”. Muéstrame sin las obras tu fe, que yo por mis
obras te mostraré la fe” (Sant 2, 17-18).
El mismo Señor nos da también claramente la respuesta:
“Aunque no me creáis a mí, creed en las obras que Yo hago, para que conozcáis y
sepáis que el Padre está en mí y Yo en el Padre” (Jn 10, 38).
Al enviar a sus apóstoles a anunciar el Reino de los
Cielos, Jesucristo les mandó “predicar el Evangelio”; anunciar, por tanto,
vuestra Fe con las palabras; y además les dijo: “en esto conocerán que sois mis
discípulos; en que os amáis los unos a los otros”. O sea, manifestar vuestra Fe
con vuestra Caridad.
El discípulo de Nuestro Señor Jesucristo manifiesta su
Fe en Él con sus palabras y con sus obras; además, lógicamente, con el ejemplo
de su vida, como ocurre cuando una enfermedad, una contrariedad imposible de superar,
le impide desarrollar las buenas acciones que deseaba llevar a cabo. En casos
semejantes, la obra que manifiesta su Fe es la aceptación y el ofrecimiento del
sacrificio, que une así a la redención de Cristo.
Entre las obras que podemos realizar y que manifiestan
la Fe y la Caridad del cristiano, están catorce acciones que, desde hace
siglos, se conocen con el nombre de Obras de Misericordia.
Estas Obras son el camino para que los creyentes
manifestemos a todos los hombres el Amor que Dios les tiene. Ese Amor se
expresa queriendo a cada persona en las circunstancias y condiciones en las que
se encuentre. Amando a la persona, al hijo de Dios que es cada ser humano, el
cristiano lo ama en su plenitud personal, y lo ama como persona, no por su
inteligencia, ni por su cuerpo, ni por sus cualidades artísticas, etc., sino, y
esencialmente por ser persona: un yo creado por Dios a su imagen y semejanza.
Todas estas acciones son muy normales y corrientes, y
todos podemos llevarlas a cabo en cualquier situación de nuestra vida. Y, en
verdad, podemos decir que las obras de misericordia son una manifestación de
que es posible vivir los Mandamientos de Dios, el amor de Dios, en medio del
mundo, en familia, en el desarrollo de los trabajos profesionales de cualquier
tipo.
El pueblo cristiano, consciente de esa realidad, y
conociendo que en cada “persona” el alma y el cuerpo forman una unidad
indisoluble, ha dividido estas obras en dos grandes grupos de siete cada uno: siete
obras de misericordia espirituales y siete corporales.
Las espirituales se refieren, principalmente, a las
necesidades del espíritu; y las corporales a las del cuerpo; y son las
siguientes:
Espirituales.
- -Enseñar
al que no sabe;
- -Dar
buen consejo al que lo necesita.
- -Corregir
al que yerra.
- -Perdonar
las injurias.
- -Consolar
al triste.
- -Sufrir
con paciencia los defectos del prójimo.
- -Rogar
a Dios por vivos y difuntos.
Corporales.
- -Visitar
y cuidar a los enfermos.
- -Dar de
comer al hambriento.
- -Dar de
beber al sediento.
- -Dar
posada al peregrino.
- -Vestir
al desnudo.
- -Redimir
al cautivo.
- -Enterrar
a los muertos.
En su conjunto, estas obras de misericordia son la
respuesta de los cristianos al Mandamiento Nuevo que nos dio, y que expresó con
estas palabras: “Llevad los unos las cargas de los otros, y así cumpliréis la
Ley de Cristo” (Gal 6, 2)”. “Un mandamiento nuevo os doy: que os améis los unos
a los otros; que como Yo os he amado, así también os améis los unos a los
otros” (Jn 13, 34).
El mismo Señor nos las explicó claramente en el
Evangelio: “Entonces dirá el Rey a los que están a su derecha: Venid, benditos
de mi Padre, tomad posesión del reino preparado para vosotros desde la creación
del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de
beber; peregrino, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo y
me visitasteis; preso y vinisteis a verme. Y le responderán los justos: Señor,
¿cuándo te vimos hambriento y te alimentamos, sediento y te dimos de beber?
¿Cuándo te vimos peregrino y te acogimos, desnudo y te vestimos? ¿Cuándo te
vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte? Y el Rey les dirá: En verdad os
digo que cuantas veces hicisteis eso a uno de estos mis hermanos menores, a mí
me lo hicisteis” (Mt 25, 34-40).
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jueves, 11 de febrero de 2016
DEJEMONOS RENOVAR POR LA MISERICORDIA D EDIOS
ANTIGUA Y FERVOROSA HERMANDAD Y COFRADIA DEL
SANTISIMO SACRAMENTO, DIVINA PASTORA DE LAS ALMAS Y
ANIMAS BENDITAS DEL PURGATORIO
DOS
HERMANAS
DIPUTACION DE CULTOS
AÑO SANTO DE
LA MISERICORDIA
DEJEMONOS
RENOVAR POR LA MISERICORDIA DE DIOS
Textos del Papa
pronunciados a lo largo de su Pontificado para alentar la reflexión sobre la
Misericordia.
Queridos
hermanos y hermanas, Cristo murió y resucitó una vez para siempre y por todos,
pero el poder de la resurrección, este paso de la esclavitud del mal a la
libertad del bien, debe ponerse en práctica en todos los tiempos, en los
momentos concretos de nuestra vida, en nuestra vida cotidiana.
Cuántos
desiertos debe atravesar el ser humano también hoy. Sobre todo el desierto que
está dentro de él, cuando falta el amor de Dios y del prójimo, cuando no se es
consciente de ser custodio de todo lo que el Creador nos ha dado y nos da. Pero
la misericordia de Dios puede hacer florecer hasta la tierra más árida, puede
hacer revivir incluso a los huesos secos (cf. Ez 37,1-14).
He
aquí, pues, la invitación que hago a todos: Acojamos la gracia de la
Resurrección de Cristo. Dejémonos renovar por la misericordia de Dios, dejemos
que la fuerza de su amor transforme también nuestras vidas; y hagámonos
instrumentos de esta misericordia, cauces a través de los cuales Dios pueda
regar la tierra, custodiar toda la creación y hacer florecer la justicia y la
paz.
Queridos
hermanos y hermanas, a todos los que me escuchan en Roma y en todo el mundo,
les dirijo la invitación del Salmo: «Dad gracias al Señor porque es bueno, /
porque es eterna su misericordia. / Diga la casa de Israel: / “Eterna es su
misericordia”» (Sal 117,1-2).
Mensaje Urbi et orbi,
31 de Marzo 2013
Tener
un corazón misericordioso no significa tener un corazón débil. Quien desea ser
misericordioso necesita un corazón fuerte, firme, cerrado al tentador, pero
abierto a Dios. Un corazón que se deje impregnar por el Espíritu y guiar por
los caminos del amor que nos llevan a los hermanos y hermanas. En definitiva,
un corazón pobre, que conoce sus propias pobrezas y lo da todo por el otro.
Por
esto, queridos hermanos y hermanas, deseo orar con ustedes a Cristo en esta
Cuaresma: “Fac cor nostrum secundum Cor tuum”: “Haz nuestro corazón semejante
al tuyo” (Súplica de las Letanías al Sagrado Corazón de Jesús). De ese modo
tendremos un corazón fuerte y misericordioso, vigilante y generoso, que no se
deje encerrar en sí mismo y no caiga en el vértigo de la globalización de la
indiferencia.
Mensaje de Cuaresma
2015
Caminemos
en el mundo como Jesús y hagamos de toda nuestra existencia un signo de su amor
para nuestros hermanos, especialmente para los más débiles y los más pobres,
construyamos para Dios un templo en nuestra vida. Y así lo hacemos
«encontrable» para muchas personas que encontramos en nuestro camino. Si somos
testigos de este Cristo vivo, mucha gente encontrará a Jesús en nosotros, en
nuestro testimonio. Pero —nos preguntamos, y cada uno de nosotros puede
preguntarse—, ¿se siente el Señor verdaderamente como en su casa en mi vida?
¿Le permitimos que haga «limpieza» en nuestro corazón y expulse a los ídolos,
es decir, las actitudes de codicia, celos, mundanidad, envidia, odio, la
costumbre de murmurar y «despellejar» a los demás? ¿Le permito que haga
limpieza de todos los comportamientos contra Dios, contra el prójimo y contra
nosotros mismos, como hemos escuchado hoy en la primera lectura? Cada uno puede
responder a sí mismo, en silencio, en su corazón. «¿Permito que Jesús haga un
poco de limpieza en mi corazón?». «Oh padre, tengo miedo de que me reprenda».
Pero Jesús no reprende jamás. Jesús hará limpieza con ternura, con
misericordia, con amor. La misericordia es su modo de hacer limpieza. Dejemos
—cada uno de nosotros—, dejemos que el Señor entre con su misericordia —no con
el látigo, no, sino con su misericordia— para hacer limpieza en nuestros
corazones. El látigo de Jesús para nosotros es su misericordia. Abrámosle la
puerta, para que haga un poco de limpieza.
Ángelus dominical, 8 de Marzo de 2015
http://w2.vatican.va/content/francesco/es/angelus/2015/documents/papafrancesco_angelus_20150308.html
Fuente: Aciprensa; extraído de
https://www.aciprensa.com/ebooks/Francisco_y_la_Misericordia.pdf
lunes, 11 de enero de 2016
AÑO DE LA MISERICORDIA
ANTIGUA Y FERVOROSA HERMANDAD Y COFRADIA DEL
SANTISIMO SACRAMENTO, DIVINA PASTORA DE LAS ALMAS Y
ANIMAS BENDITAS DEL PURGATORIO
DOS
HERMANAS
DIPUTACION DE CULTOS
AÑO SANTO DE
LA MISERICORDIA
DIOS NUNCA SE
CANSA DE PERDONAR
Textos del Papa pronunciados
a lo largo de su Pontificado para alentar la reflexión sobre la Misericordia.
Evangelio nos presenta el episodio de la mujer adúltera, a la
que Jesús salvó de la condena a muerte. Nos conmueve la actitud de Jesús: no
escuchamos palabras de desprecio, no escuchamos palabras de condena, sino sólo
palabras de amor, de misericordia, que invitan a la conversión “Tampoco yo te
condeno ¡Vete y ya no vuelvas a pecar!” ¡Oh, hermanos y hermanas, el rostro de
Dios es el de un padre misericordioso, que siempre tiene paciencia!
¿Habéis pensado en la paciencia de Dios, la paciencia que
tiene con cada uno de nosotros? ¡Eh, esa es su misericordia! Siempre tiene
paciencia: tiene paciencia con nosotros, nos comprende, nos espera, no se cansa
de perdonarnos si sabemos volver a Él con el corazón contrito. Grande es la
misericordia del Señor.
Un poco de misericordia hace el mundo menos frío y más justo.
Necesitamos entender bien esta misericordia de Dios, este Padre misericordioso,
que tiene tanta paciencia... Recordemos el profeta Isaías, que afirma que
aunque nuestros pecados fuesen color rojo escarlata, el amor de Dios los
convertirá en blancos como la nieve.
Recuerdo, cuando apenas era obispo, en 1992, llegó a Buenos
Aires la Virgen de Fátima y se hizo una gran misa para los enfermos. Fui a
confesar, a aquella misa. Y casi al final de la misa me levanté porque tenía
que administrar una confirmación. Vino hacia mí una mujer anciana, humilde, muy
humilde, de más de ochenta años. La miré y le dije: “Abuela – porque allí
llamamos así a los ancianos- abuela, ¿se quiere confesar?” “Sí”, me dijo. “Pero
si usted no ha pecado...” Y ella me dijo: “Todos tenemos pecados”... “Pero el
Señor ¿no la perdona?” “El Señor perdona todo” me dijo, segura. “Pero, ¿cómo lo
sabe usted, señora?”. “Si el Señor no perdonase todo, el mundo no existiría”.
“El problema es que nosotros nos cansamos de pedir perdón!
Pero Él nunca se cansa de perdonar; somos nosotros los que , a veces, nos
cansamos de pedir perdón. Y no tenemos que cansarnos nunca, nunca. Él es el
Padre amoroso que perdona siempre y cuyo corazón está lleno de misericordia
para todos nosotros. Tenemos que aprender a ser más misericordiosos con todos.
Invoquemos la intercesión de la Virgen María, que ha tenido en sus brazos a la
Misericordia de Dios hecho hombre”.
Angelus dominical, 17 de Marzo de 2013
https://w2.vatican.va/content/francesco/es/angelus/2013/documents/papa-francesco_angelus_20130317.html
Éste es el momento para decirle a Jesucristo: «Señor, me he
dejado engañar, de mil maneras escapé de tu amor, pero aquí estoy otra vez para
renovar mi alianza contigo. Te necesito. Rescátame de nuevo, Señor, acéptame
una vez más entre tus brazos redentores». ¡Nos hace tanto bien volver a Él
cuando nos hemos perdido! Insisto una vez más: Dios no se cansa nunca de
perdonar, somos nosotros los que nos cansamos de acudir a su misericordia.
Aquel que nos invitó a perdonar «setenta veces siete» (Mt 18,22) nos da
ejemplo: Él perdona setenta veces siete. Nos vuelve a cargar sobre sus hombros
una y otra vez. Nadie podrá quitarnos la dignidad que nos otorga este amor
infinito e inquebrantable. Él nos permite levantar la cabeza y volver a
empezar, con una ternura que nunca nos desilusiona y que siempre puede
devolvernos la alegría. No huyamos de la resurrección de Jesús, nunca nos
declaremos muertos, pase lo que pase. ¡Que nada pueda más que su vida que nos
lanza hacia adelante!
Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium I, 3
http://w2.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20131124_evangelii-gaudium.html
Fuente:Aciprensa;extraídodehttps://www.aciprensa.com/ebooks/Francisco_y_la_Misericordia.pdf
jueves, 7 de enero de 2016
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