martes, 29 de diciembre de 2009

ENMANUEL, EL SÍ DE DIOS

Después de tantos años siendo testigo oficial de la Iglesia en innumerables matrimonios, siempre me ha impactado ese Sí que los contrayentes se dan en el consentimiento, el cual les hace marido y mujer. Porque en un mundo de noes, ese Sí es reconfortante y gozoso.

Y es que realmente vivimos en un mundo de noes. Se oye con demasiada frecuencia esa palabra breve, seca, amarga… que distancia, separa, rechaza, que es la palabra no. Una palabra cerrada y triste, que suena como un portazo.

Hay personas que se pasan la vida entera diciendo no. Y hay momentos en que todos tenemos que oír negativas claras o, más o menos, disimuladas, con sonido o sin sonido, de palabra o con actos. Y nosotros mismos, siendo francos, hemos empleado y practicado esa palabra demasiadas veces, con sonido o sin sonido, de palabra o con actos. Cuando somos egoístas, cuando somos injustos, cuando nos hacemos sordos a las necesidades de los otros… estamos diciendo no: no a la generosidad, no a la fraternidad, no a la entrega. Nos atrincheramos en un aislamiento narcisista, en una espléndida incomunicación. Nos cerramos sobre nosotros mismos… porque unos a otros nos decimos no. Un no que nos sale de los labios y, lo que es peor, un no que nos brota del corazón.

Y ése no es el mundo que Dios quiere. Dios no quiere un mundo de noes. Dios no desea un mundo que se cimente sobre el no, sino un mundo que se construya sobre el Sí: esa palabra que simboliza lo generoso, el aliento, el compromiso, la acogida, el amor.

Y Dios quiere ese Sí porque Él mismo, por un amor incomprensible, ha dicho Sí al mundo y al ser humano. Les ha dicho Sí definitivamente. Desde luego, nuestro mundo sería más humano y más cercano y parecido al mundo que Dios quiere si aprendiéramos todos, apoyados en el Sí de Dios, a decirnos unos a otros, con más frecuencia, Sí.

Esta es una hermosa tarea que tenemos que realizar entre todos los cristianos. Una tarea que merece la pena emprender y que consiste en vivir confiadamente arraigados en el Sí de Dios al mundo y al hombre; aprender de Él a decir Sí al mundo y al hombre, aunque pronunciar ese Sí pueda significar desgarramiento y despojo: enseñar a los hombres a decirse Sí recíprocamente.

D. Lorenzo Nieto Frutos

Párroco Sta. Mª. Magdalena

1 comentario:

Unknown dijo...

muy sabias sus palabras. muchas gracias.